jueves, 24 de enero de 2013

FALSIFICACION

La definición más precisa es la de orden legal: una falsificación es una obra de arte ejecutada con la intención de inducir a error, de hacerla pasar como creación de una mano diferente. 

Una copia no tiene por qué ser una falsificación, así como tampoco una pintura u objeto ejecutados en un estilo ajeno. 

Lo importante es la intención. Una atribución falsa tampoco es una falsificación. 

Las colecciones privadas y los museos están plagados de obras a las que no puede adjudicarse un origen definitivo. ¿Cómo podemos distinguir entre una falsificación y el objeto auténtico? 

La mirada del experto, sensible a las características peculiares del estilo de un artista, raras veces se deja engañar, y en caso de duda, se puede recurrir a la ciencia y a la documentación. 

La ciencia puede calcular la antigüedad de una pintura, de la tela, de la madera o del metal; los rayos X pueden revelar lo que hay por detrás de la superficie. 

En algunos casos, los documentos pueden proporcionar una cadena de conexiones que nos remontan al pasado, en ocasiones, hasta llegar al propio artista. 

Los objetos genuinos, a diferencia de las imitaciones, siempre tienen historia. Las falsificaciones son tan antiguas como el arte. 

En la antigua Roma circulaban cuencos de plata «egipcios» fabricados por fenicios dispuestos a explotar una moda. 

Se hicieron falsificaciones de obras de algunos maestros italianos del Renacimiento cuando todavía vivían sus autores. 

Las víctimas de los falsificadores son la mayoría de las veces personas demasiado orgullosas para consultar a un experto o demasiado tontos para comprar un cuadro a un marchante de reputación.

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